sábado, 19 de septiembre de 2009

Un error lleva a otro error. Es tan fácil equivocar el camino y tan difícil volver de eso. ¿Qué nos pasó? ¿Por qué nos equivocamos tanto? ¿Por qué fuimos tan débiles? Cuando cometiste error tras error no podés ni siquiera quejarte, ni ese derecho tenés. Corrés, te desesperás, pero cuando tomaste el desvío, el camino de regreso es más largo. Porque en tu desvío causaste dolor, heridas que tardan mucho en sanar. El dolor se transforma en resentimiento, en tristeza vieja, inolvidable. Ya no soy lo que era, ya no sos lo que eras. ¿Dónde estás? ¿Dónde estamos? Querés volver el tiempo atrás, querés volver a ser quien eras, pero ya es tarde. Los errores del presente son las tragedias del futuro. Corrés, pero es tarde, y mientras corrés tu alma llora, porque sabes que tendrías que haber escuchado esa vocecita, ese murmullo en tu corazón que te decía que estabas equivocando el camino.

No hay comentarios:

Publicar un comentario